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2018-11-26

El arte de la joyería a lo largo de la historia

Se conocen objetos antiguos hechos como complementos de materiales muy diversos como piedra, cuerno, madera, hueso, conchas, tela y se han hallado ejemplares que se remontan a tiempos prehistóricos. Durante toda la evolución de la joyería los materiales más nobles y difíciles de encontrar han quedado relegados a las clases principales, y habitualmente las piedras preciosas y los metales se reutilizaban, retallaban o restauraban para hacer nuevas joyas más acorde con la moda del momento. En el post de hoy os contamos más acerca del arte de la joyería a lo largo de la historia.

Materiales más comunes en la joyería

Los materiales más comunes y los más utilizados siempre han sido el oro, el platino y la plata, aunque también es habitual encontrar joyas realizadas en bronce, hierro, vidrio y otros materiales. Por ejemplo, durante el siglo XIX se empleaban materiales tales como cabello trenzado que formaba pulseras, pendientes…

Por otro lado, el uso de piedras preciosas engarzadas en las piezas de joyería es muy habitual, existen ejemplares muy antiguos realizados con pedrería. Aunque, actualmente, las piedras preciosas más deseadas y utilizadas son los diamantes, rubíes, zafiros, esmeraldas, topacios, aguamarinas, turmalinas, espinelas, peridotos, granates, cuarzos, turquesas y perlas.

Las joyas como objetos de deseo

Balclis incluye en todas sus subastas de joyas online de todos los estilos y épocas. Desde joyas antiguas renacentistas, pasando por piezas barrocas, Belle Époque o Art Déco, hasta joyería moderna.

Los coleccionistas tienen en cuenta diferentes aspectos a la hora de comprar una pieza, aunque uno de los más importantes es su marca o autor.

Balclis es un gran escaparate para poder adquirir joyas por internet de autores tan cotizados como Masriera, Fuset y Grau, Mercadé, Manolo Hugué, Paco Durrio o Teixé. Pero también es habitual que nuestras subastas incluyan piezas must have de grandes marcas como Cartier, Boucheron, Van Cleef and Arpels, Bulgari, Chopard, Chaumet o Pomellato entre otras.

Por lo tanto, las joyas se valoran por diferentes aspectos, tales como diseño, autor, marca, gemas, material, época… los coleccionistas de joyas tienen en cuenta todos estos valores a la hora de comprar una pieza.

Pero para entender el valor de la joyería, es necesario conocer su historia y evolución.

Las joyas en la antigua Grecia

En la joyería en la antigua Grecia era frecuente el uso de joyas que respondían a la necesidad de adornarse. En el ámbito habitual, encontramos el uso de collares o gargantillas, pendientes, pulseras y anillos o sortijas. Durante las ceremonias, era frecuente el uso de diademas y cadenas o cinturones. Y en las vestimentas, se usaban fíbulas y alfileres, para sostener las prendas.

Las técnicas más frecuentes era el trabajo de granulado, filigrana, cincelado y es habitual encontrar piezas en oro repujado. Los griegos ya trabajaron el engaste de piedras en sus joyas, así como el uso de esmalte.

La iconografía de las joyas era muy diversa, son muy habituales los motivos vegetales tales como rosetas, palmetas, hojas y bellotas. También los animales como los carneros, leones, serpientes y esfinges. Y las representaciones humanas como divinidades y héroes. Estos motivos se repiten tanto en gargantillas, diademas, pendientes, sortijas o anillos y pulseras.

Dentro del periodo griego, marcado por la tapa arcaica, clásica y helenística, cabe destacar que ésta última fue la más prolífera en materia de joyería.

En una época donde la cultura griega se universaliza, se introdujeron nuevos modelos y nuevas técnicas y materiales. Las joyas son suntuosas y hay una exageración de las formas. Es poco habitual encontrar piezas de estos periodos a la venta, aunque sí que existen ejemplares en museos tan importantes como el British Museum.

El arte de trabajar el oro de la civilización etrusca

La historia de la joyería etrusca tiene su origen en una antigua región del centro de Italia, Etruria. Culturas como los fenicios, griegos y egipcios influyeron en esta civilización gracias al flujo de comercio que había en esa región. Esto permitió que los etruscos fueran excelentes artesanos, joyeros y metalúrgicos.

Su joyería destaca por el uso de técnicas como el esmalte, el oro granulado y el engaste de piedras. Y los motivos más frecuentes fueron básicamente animales como leones y patos y esfinges. En el siglo IV a.c la joyería etrusca perdió su carácter único y aconteció en gran parte indistinguible de la joyería clásica griega.

La joyería romana

La joyería romana destacó tanto por su valor artístico como por la riqueza en la utilización de una gran cantidad de materiales. Los romanos tuvieron acceso a una gran variedad de materiales y recursos naturales de los territorios que estaban bajo su dominio. Además, como buenos comerciantes, accedieron a exóticas piedras preciosas que venían del lejano oriente.

Las joyas más utilizadas, y de las que han quedado muy buenos ejemplares, fueron broches, pulseras, pendientes, sortijas, botones y gargantillas entre otras. Los materiales utilizados para estas piezas fueron diversos, siendo el oro el metal más preciado. Además, también se usaron otros metales como la plata y el bronce.

Las piedras preciosas y las perlas también fueron muy apreciadas por la antigua civilización romana, encontrando así piezas generosamente adornadas con perlas, esmeraldas y otras piedras preciosas.

La joyería en la Edad Media

Tras la caída de Roma, las joyas continuaron teniendo mucha importancia. La joyería medieval destacó por la calidad de sus piezas. Anillos o sortijas, pulseras, pendientes, broches, collares y fíbulas eran engarzadas con importante pedrería y eran muy usadas por la civilización de la época. Las piedras preciosas eran adquiridas a través del comercio y las que se usaron más frecuentemente fueron los zafiros que venían de Ceilán y Persia, las esmeraldas de Egipto y los diamantes de la India y África Central.

Aunque las piezas de índole religioso fueron las que gozaron de mayor popularidad. Se limitó el uso de motivos simbólicos con figuras de animales y predominó la representación de formas asociadas al cristianismo.

La importancia de las joyas en el Renacimiento

El Renacimiento surge como movimiento cultural en Italia a partir del siglo XIV y fue extendiéndose por el resto de Europa durante el siglo XVI.

En el siglo XV, las joyas adquirieron mucha relevancia en la moda del momento y era habitual que los trajes de terciopelo y seda fueron bordados con pedrería y perlas. Tal como podemos apreciar en los retratos de la época, las joyas eran entendidas como símbolo de prestigio y poder y estaban muy ligadas a la Corte.

Los gremios tuvieron una gran importancia durante este periodo, siendo prácticamente imposible realizar alguna pieza sin su tutela. Durante el proceso de creación, los colgantes, gargantillas, sortijas eran primeramente dibujados o grabados y después se empezaba la labor de labrado del oro, esmaltado y engarce de las piedras. Precisamente, actualmente podemos conocer este procedimiento por los dibujos conservados. Por ejemplo, en el caso español, los “Llibres de Passanties” conservados en el Museo de Historia de la ciudad de Barcelona, son un claro testimonio de estas obras.


En el siglo XV, las joyas adquirieron mucha relevancia en la moda del momento y era habitual que los trajes de terciopelo y seda fueron bordados con pedrería y perlas

Los joyeros y orfebres renacentistas se las ingeniaron para enriquecer las técnicas aplicadas en joyería y, por lo tanto, hubo una evolución en su realización. Las nuevas “tecnologías” del momento permitiendo tallar piedras de una mayor dureza y realizar grabados tallados sobre gemas.

Se extendió el uso del colgante, y concretamente los pinjantes, combinados con piedras barrocas, gemas engastadas y esmalte y se gozaron de gran popularidad los broches con retratos en miniatura. La ornamentación de animales fantásticos del tipo de sirenas, cabezas de monstruos y centauros fue muy habitual, aunque en un periodo dominado por la religión se siguieron haciendo cruces y medallas que combinaban, oro, gemas y esmalte.

La joyería Barroca

La época del barroco supuso una gran evolución en el ámbito de la joyería. A las piezas de índole religiosa y simbólica heredadas del pasado, se sumaron otras joyas puramente ornamentales, que empezaron a tener como objetivo realzar la calidad de ejecución y la riqueza de los materiales, y mostrar el status del portador.

Las formas seculares o fantasiosas, que respondían a criterios estéticos o de capricho, fueron imponiéndose paulatinamente frente a las religiosas o votivas, los colgantes de tipo altaret, piezas que podrían considerarse verdaderas esculturas o cuadros portátiles, e incluso verdaderos frentes arquitectónicos en miniatura. Balclis ha subastado ejemplares muy parecidos a los que podemos encontrar en colecciones tan importantes como la Fundación Lázaro Galdiano.

Otras piezas habituales de la época fueron los aderezos o parures, como los broche lazo realizado en oro y diamantes. Estas piezas fueron la materialización física de los lazos de terciopelo y seda y se utilizaba en el peto, cosida, para marcar la línea horizontal del escote, que en aquel entonces había descendido considerablemente.

La mayor parte de los diseños de joyas de esta época se realizaron en los talleres parisinos, y se fabricaron en los gremios de orfebres locales que, en el caso español, contaban con gran maestría, sobre todo los talleres de Madrid, Córdoba y Zaragoza.

En el siglo XVIII las gemas se presentaban siempre en monturas cerradas, hecho que no permitía que la luz se reflejara al traspasar entre las piedras. Los joyeros de la época se dieron cuenta de la importancia de destacar el brillo de la pedrería y empezaron a abrir las monturas y sujetar las gemas al aire para que lucieran en todo su esplendor.

La joyería en el siglo XIX

Durante el siglo XIX se sucedieron una gran variedad de modas y estilos en todos los ámbitos artísticos, y por supuesto lo mismo sucedió en el ámbito de la joyería, donde destacó el historicismo con fuentes de inspiración numerosísimas, desde clásicas hasta barrocas.

A toda esta renovación social, técnica y material, habría que añadir la emocional, que se intensificó tras la aparición del Romanticismo. La joyería se convirtió en una manifestación más de este sentir general y a las joyas se les dotó de una gran carga simbólica y emotiva. Ya fuera como recuerdo de un difunto o de un ser amado, hubo un empleo generalizado de joyas con guardapelos o portarretratos, e incluso piezas elaboradas con cabello humano.

Otro punto importante a destacar es el empleo de joyas transformables y polivalentes, según el protocolo social. La etiqueta de día era diferente de la etiqueta de noche. Así, el día requería de joyas más sutiles, mientras que en las veladas era más frecuente llevar conjuntos de perlas o exuberantes gargantillas repletas de diamantes. Prueba de ello son los pendientes desmontables, que se podían acortar según la ocasión, o los broches florares de diamantes, cuya flor central es desarmable y con posibilidad de usarlo independientemente.

Finalmente, el siglo XIX es la época de los neos y los revivals. En todas las artes se emula a las grandes épocas del pasado, como el Barroco o el Imperio Romano. Es habitual encontrar en Balclis colgantes que reproducen en técnica, estética y temática, las piezas de la época del Renacimiento.

La gran variedad de estilos y técnicas, y la presencia significativa de las joyas en la sociedad de esta época, hacen del siglo XIX una era apasionante en la historia de la joyería.

La seductora joyería de principios del siglo XX

Los últimos coletazos del colonialismo europeo decimonónico coincidieron con una era de riqueza, de refinamiento y de sofisticación sin igual que se vio bruscamente interrumpida con la llegada de la Primera Guerra Mundial. Este período, que denominamos Belle Époque, a nivel de las artes no significó una ruptura respecto al pasado ni tampoco una novedad, sino más bien una reelaboración de antiguos temas y motivos.

El gran representante de la joyería de esta época fue el francés Louis Cartier, quien encargaba a su taller la búsqueda de patrones en documentos antiguos, para así recuperar diseños del pasado. En concreto, el siglo XVIII fue su principal fuente de inspiración.

Las piezas de principios de siglo XX también tienen mucha importancia para los coleccionistas de joyas. Las alhajas Belle Époque, tan características por sus delicados diseños, gozan de gran aceptación entre los compradores más exigentes. Las modas de principios del siglo XX fueron evolucionando, el Art Déco se caracterizó por sus vestidos de líneas mucho más rectas, y por complementos de un aire más geométrico y diseños de mayor colorido.

El diamante fue la gema más popular junto con la perla, y era habitual enmarcarlo en líneas de esmalte negro o de ónix, de modo que muchos lo consideraban una estética muy “blanco y negro”. Los orfebres se inspiraron en la aportación estilística de los ballets rusos de Diaghilev y el redescubrimiento de culturas tales como la egipcia o la japonesa. La segunda guerra mundial supuso el final de los locos años 20 y dio paso a una nueva década mucho más explosiva.

Años 40-50: La joyería como antídoto a la austeridad

En la década de 1940 el oro pasó a ser el principal metal precioso, aunque se empleara en hojas más delgadas y ligeras. Se pusieron de moda las cadenas cilíndricas, huecas, tubos de oro sinuosos y los broches grandes con motivos florales.

Con el fin de la guerra, las casas de alta costura parisinas como Christian Dior, Yves Saint Laurent y Chanel recobraron el brío, vistiendo a las mujeres más glamurosas de la sociedad. El oro amarillo siguió gozando de gran popularidad y se combinó con gemas como turquesas, amatistas y por supuesto, las siempre deseadas joyas en oro y diamantes. Figuras como Grace Kelly y Jackie Kennedy fueron un referente de estilo y pusieron en gran valor los collares de perlas, que tuvieron un renacimiento convirtiéndose en la pieza que toda mujer debía tener en su joyero.

Otra figura destacada del momento fue el platero Georg Jensen, cuyos diseños escandinavos son muy valorados por los coleccionistas de todo el mundo y de los que Balclis ha vendido varios ejemplares.

Joyas exuberantes de la segunda mitad del siglo XX

Durante la década de 1960, fueron los ingleses y su estética más pop quiénes dominaron el mercado de la moda y las joyas. Los complementos se llevaban grandes, las pulseras, gargantillas y enormes pendientes de colores saturados o metalizados de inspiración futurista revolucionaron el mercado.

Italia relevó a Francia como referente de estilo y firmas como Gucci o Ferragamo eran los símbolos del cool juvenil.

En la década de los 70 las joyas comenzaron expresar espiritualidad en vez de opulencia. Van Cleef and Arpels marcó la pauta de la era con piezas en oro engastadas con rubíes, esmeraldas y diamantes. La casa italiana Bulgari cobró mucha importancia en esta época y diseñó piezas como gargantillas, pulseras o pendientes que tanto podrían ser usadas de día como de noche.

Y con los años 80 llegó el poder y la gloria. El color negro dominó la moda y servía de fondo para las llamativas y ostentosas joyas en oro pulido. La mujer de los años 80 se presenta poderosa y femenina y las mujeres ejecutivas se vestían con grandes joyas para reflejar su poder sobrenatural.

Actualmente, en el siglo XXI, la joyería vive un revival del siglo XX, encontrando en el mercado tanto piezas de estilo Belle Époque o Art Déco como piezas de estilo vintage como en los años 50 o piezas más exuberantes como las de los años 80-90.

2018-11-26